"Pero existe otra soledad, una que nos es propia (...), y que no se relaciona con el amor de pareja. Es aquella, inmensa, insondable, que resulta de haber nacido en un mundo ajeno, en un mundo diseñado para otros que nos son los de tu especie. Es abrir los ojos al instante mismo de nacer y percibir el aterrizaje en un lugar donde no te esperaban, donde no fuiste bienvenida, donde a priori te instalaron como un ser de segunda categoría. No importa tu classe ni tu raza: naciste castigada. Tu anatomía sólo por ser femenina, será talagrada por la desigualdad milenaria: en ella golpeará la injusticia por ser la anatomía de una mujer. Y con ella a cuestas - lo sepas o no, tengas o no conciencia de ello - recorrerás la tierra como la perenne exiliada, como la última desheredada, maldita por habitar un espacio ya apropriado por otros, por ser arrojada al patio de atrás, a los rincones, siempre rincones retraídos y postergados.
Ésa es la soledad de las mujeres desde que el mundo se creó.
Invisibles. Suprimidas. Desoídas. Silenciadas. Habladas, escritas y contadas por otros, sin lenguaje, con uma media modulación. Normadas sin haber dado su parecer. Hipotecadas. La capacidad escondida, la inteligencia subterránea. Ésa es la trayectoria de nuestros genes; ésos, los modelos hacia donde volver la vista. Ése es el libro de la historia. Y en él, un par de páginas para las otras, las que nadie logró domesticar, las que no se avinieron con las virtudes femeninas, las que quisieron distinguirse, las que no se sometieron. Sí, un par de páginas para las satanizadas, las que no alcanzan a aplacar nuestro desamparo ya que no contienen un solo happy end, sólo los altos precios que pagaron por su desacato, con sus propias vidas en los peores momentos, con su cordura en otros, pero pagando. Y siempre, siempre con la soledad sobre las espaldas.
Hubiera querido realizar un acto de magia: escribir el prólogo para un libro de cuentos de mujeres solas del próximo siglo y que éste incluyera sólo relatos nuevos. Si Elias Canetti tuvo razón y los escritores somos los centinelas de la metamorfosis, los testigos de los cambios sociales, ¿qué narraciones contendría ese libro? Sólo entonces podríamos comprobar si las últimas décadas de historia llegaron para quedarse, si el avance espetacular que las mujeres han protagonizado es irreversible o no, y sólo en ese instante seríamos capaces de desentrañar si la soledad era otra."
Marcela Serrano
Escritora chilena Ciudad de México, junio de 2002. (Prólogo de "Cuentos para mujeres solas")
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